Los domingos son el día oficial de: levantarse tarde tras un trasnochador sábado, las comidas típicas y tópicas con família, unas horas muertas haciendo pasar el tiempo por la tarde en el bar con los amigos y una noche de fútbol o de alguna que otra serie televisiva.
Para mi tras unas semanas encerrado preparándome como futuro psicológo, le añadí un pequeño toque de distinción a tales aférrimas costumbres. Me fuí a jugar al tenis de mesa o como seguro que os suena más, al ping-pong.
Tengo la suerte de disfrutar de las ventajas de vivir en una zona donde hay bastantes parques cercanos. Dentro de las nuevas incorporaciones municipales se encuentran dos mesas estáticas de ping pong. Así que decidido a romper un poco la monotonía llamé a mi amigo Marc para disputar de un entretenido partido.
Me quedé con las ganas de llegar a saber más sobre esté deporte que dispone de movimientos tan curiosos como: el topspin, backspin, sidespin, loopspin... Yo soy sólo un aficionado, pero me lo pasé genial. Añadir que el coste es de 0 euros y que la gracia a veces está en encontrar aquello más sencillo que nos divierta.
Dando algunos golpes de raqueta.
Por si os entran ganas de probar:
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