
En las entrañas de Undead Dark Club Barcelona.
El día de Sant Jordi es una fiesta que se remonta a leyendas remotas de caballeros y dragones.
A una época en donde la magia y la crudeza de la realidad convivían estrechamente en un universo oscuro y lleno de ocultos enigmas que la mente humana no llegaba a desentrañar.
Este pasado anochecer he formado parte de la leyenda. Pasada la media noche con Arnau y Aldara nos dirigimos a una de las mejores guaridas nocturnas que podemos encontrar en la ciudad condal, Undead Dark Club Barcelona.
Unas puertas rojas se nos abrieron de par en par, en el interior una luz tenue de antesala. Tengo la suerte de ir con dos feligreses muy conocidos del lugar. Seguimos por el pasillo y nos sumergimos en la lobreguez del recinto. Voy acorde con el ambiente y me siento cómodo en la atmósfera. Las paredes estan colmadas por telarañas, en la barra hay frascos con cabezas y miembros disecados. Estatuas santas neoclásicas adornan los pilares. Espejos reflejan caras y rostros refugiados al caer el sol.

Una voz más allá de lo terrenal.
Hoy es la fiesta Lux Aeterna y desde que oímos a lo lejos la voz de la nínfa Priscilla Hernández ya nos sentimos transportados a la alta edad media. A continuación el orientalismo más místico de las mil y una noches se apodera del ambiente y "Las Driadas" una compañia de danza, muestran sus encantos, propios para regocijo de un sultán.
Una tela roja cubre el suelo a modo de pasarela, la pasarela de vestidos y atuendos medievales por "El Costurero Real" ha empezado, y todo de damiselas exponen el bello arte de tiempos pasados pero no olvidados en la cultura colectiva de la corte del Rey Arturo.

Elegancia medieval en su máximo esplendor.
Es la hora de refrescar el gaznate y que mejor que con hidromiel para poder danzar toda la noche a ritmo de música celta y antiguos cantares.
Un viaje al pasado en medio de la más absoulta rauda modernidad.

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