Empezamos el siguiente día con la visita a Atlantis. Esta se encuentra en el sur oeste de la isla, y consiste en una cala con unas vistas impresionantes y con las rocas de las laderas perfectamente cortadas (antigua cantera de los constructores de la isla). Cuentan las leyendas que también era una cala de contrabandistas.
Su acceso es de lo más complicado ya que tienes que bajar por un camino de cabras y luego descender por una pendiente con grandes dunas de arena. Una alternativa es llegar por medio de barcas (servicio que se ofrece por 15 euros en las playas cercanas). Una vez allí la gente puede disfrutar de las piscinas artificiales, los saltos seguros desde las rocas o de los grabados que hay en las paredes.
Al regresar de subir la cuesta, nos encontramos con un grupo de antiguos hippies que estaban celebrando un ritual en un mandala hecho de piedras. Tras charlar un rato con ellos acerca de la isla nos dirigimos a Ca l'Horta para contemplar las vistas de Es Vedrá, un islote que dicen que contiene un campo magnético de gran intensidad.
La tarde la pasamos en Sant Antoni, paseando por el paseo marítimo. Allí fuimos a ver el Café del Mar, local conocido por sus álbumes de música chill out. El paseo estaba abarrotado, y a medida que se fue acercando la hora de la puesta de sol las calles aún se llenaron más. El espectáculo fue mágico.
Por la tarde acudimos al mercadillo hippie de Es Canar. Lugar realmente muy interesante (se celebra todos los miércoles), donde se llena todo un gran parque con paradas y puestos de venta de toda clase de objetos: telas, bisutería artesanal, objetos de decoración...
De allí conseguimos entradas gratuitas para ir a la fiesta hippie "Namaste" que se organizaba esa misma noche en el Mercadillo de las Dalias. Tuvimos la suerte de llegar temprano y poder contemplar el mercadillo en uno de los días que no era habitual.
La fiesta consistió en una cena con una decoración totalmente oriental propia de los paises del sudeste asiático. También la música chill out e hindú fue la protagonista de la velada.
Pero lo más sorprendente de la noche fue que al regresar a la ciudad de Eivissa pudimos contemplar las fiestas de la ciudad con unos espectaculares castillos de fuegos artificiales.
Los útlimos días fuimos a la playa de Benirrás y pasamos por las cuevas de Can Marça. Antes de irnos, en el aeropuerto entramos dentro del bar-discoteca de la marca "Fuck Me I'm Famous".
¡Realmente una forma increíble de ver y vivir la isla!





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