domingo, 16 de junio de 2013

Idílico

Hace unos cuantos veranos me fui de mochilero a Malta. Para mi fue un gran reto ya que iba a ser una de mis primeras experiencias durmiendo en las casas de gente que no conocía.

Ese verano se convirtió en el mejor de mi vida hasta el momento. Pude conocer un nuevo pais, nuevas actividades y nueva gente. En especial a una chica.

Me sorprendió la rapidez con la que conectamos, a pesar de la diferencia de nacionalidad. En los primeros encuentros noté que había algo especial.

Al hablar nuestras miradas quedaban totalmente alineadas. Daba igual de que tema estuvieramos tratando, el interés que mostrabamos ambos era enorme.

Y también un elemento que me sorprendió fue la facilidad con la que nos reíamos.

Se nos notaba tanto que los amigos y amigas en común empezaron a notificarnoslo.

Era una relación de lo más especial. Una amiga con la que podía estar de lo más a gusto y a la vez compenetrado.

Pasamos grandes momentos en la isla. Disfrutamos de los multiples paisajes e incluso pudimos gozar de una de las mejores playas del norte.

Los días pasaban volando, y sabía que el momento de partir estaba cerca.

Entonces nos despedimos con la promesa de volver a vernos.

Ella volvió a su país y yo al mio.

Las conversaciones via email no se hicieron esperar, y me hizo llegar una gran noticia en uno de sus correos. Se ve que en unos meses vendría a Barcelona.

¡Que alegría!

La recibí con los brazos abiertos. Se alojó en mi casa y le hice de guía turístico. Paseamos por los mejores lugares de la ciudad.

Pero lo mejor de todo es que seguíamos en la misma línea. Estabamos de lo más compenetrados. Reíamos por todo, y estar a su lado era olvidarme de todo, absolutamente de todo.

La relación parecía perfecta, aunque en realidad no lo era. Habían ciertos elementos que no jugaban a nuestro favor. El primero, que ella tenía novio, un novio que además era famoso en su país. Luego había la distancia y en último lugar la edad. La diferencia de edad era notable, aunque nunca supe si ella logró conocer la mia.

Finalmente regresó a su país, y yo me quedé sin decirle lo que sentía por ella. Yo sabía lo que ella podía sentir por mi. 

Tuve la sensación de que aquello era lo que más se podía acercar a la perfección, y no quería que se estropeara.

Era como dejar una mariposa disecada en un cuadro. Matarla para tenerla perfecta. No quería que se deteriorara, que se estropeara la relación. Prefería un recuerdo perfecto para ambos que atreverme a complicar la situación.

Me quedé con tal idea (también parecida a lo que le ocurre al protagonista del "Increíble Will Hunting").

Y hasta hace pocas semanas no supe más de ella. Intercambiamos un par de emails, y todo terminó a la espera de un nuevo reencuentro.

Es importante tener presente de que no hay nada perfecto. 

No tengas miedo por aquello que quieres lograr, el mero hecho de intentarlo ya habrá merecido la pena.

Hubiera preferido ver volar la mariposa, aunque hubiera marchado que quedarme con un cuadro viejo.

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